DESPUÉS DE SOÑAR
Esclavo ya de Somnus, busco tratos
que firmo con Plutón y Proserpina,
testigo del suceso nos preside
la luna de tambores y de fiesta
en la menguada noche de la diosa
Juno, que distribuye con su riego
la calma de las dalias que taladra
dulcemente mi hipófisis dormida.
De repente el recuerdo se presenta
con sus mejores galas, con un hombre
de rostro conocido, de sosiego,
imagen de mi infancia prematura,
mis tímpanos se llenan de pedales…
y el viento se convierte en melodía
al soplo de mi boca, aún incrédula
de huesos de albarillo y de silbatos.
-Que
bien que estamos juntos esta noche…
Y silba, y silba, y silba… mi memoria
tan fuerte que me asusta y me despierta
en medio de los trenes del pasado.
Lleno de carbonilla el cabecero.
Repleto el dormitorio de maletas
que corren a buscar algún billete.
Un ramo entre los brazos, lleva un hombre
(como el que acuna a un niño de caricias)
que coloca su cuello y su guirnalda,
cuando un Edén de nubes aparece
con la locomotora y los vagones.
¡Qué tremendo tesoro con sombrero
baja el estribo lleno de poemas!
¡Por fin la buena Musa les reúne!
Se abrazan y se rozan las mejillas,
y se observan incrédulos, latientes…
-Federico,
don Pablo, ¡bienvenidos!
Entrad
con mucho gusto en mi bodega.
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