viernes, 16 de noviembre de 2012


PESADILLA EN UN BALCÓN

En el balcón del sueño de mi noche

se abre un purgatorio conocido

por mis ojos despiertos, transeúntes

por calles de demonios.

 

En esta altura máxima,

en este acantilado de ladrillo

y forja retorcida, se presenta

un mar oscuro, opaco…

mis penas y mis miedos.

 

Fugaz y permanente se interpone,

erguida, misteriosa,

espeluznante… tétrica figura

tan humana, que puede ser la muerte

¿o soy yo mismo muerto?

Observad el cajón de mis victorias

que porta mis miserias.

Eso dejó la vida.

SUEÑO ESCONDIDO

¿Dónde te encontraré? ¡Maldito sueño!

Acantilado roto, que sin mar,

te asomas sin temores y sin vértigos

a la noche, al destino, a mí mismo…

¡En la playa! En la playa está mi sueño

echando de comer a las gaviotas.

 

…Pero nunca despierto con la arena,

ni con el sol temblando en las orillas

sobre las espumosas olas frágiles.

SIN VOLUNTAD

En este cuerpo mío que impasible

habito, sin la doma necesaria,

sin moldes, sin cordeles, sin espuelas…

quiero ver los arroyos de agua limpia

brotando sin temor y sin complejos.

 

En esta esclavitud insuperable

que domina mis actos y mi vida

y mi mente y mi alma y mi paciencia

quiero ser como un árbol en el monte,

mecido por el viento en el otoño.

 

Cada día me caigo desde un cielo

que no existe, que muere antes de ser.

EL POZO

En lo oscuro del pozo de mi casa,

el sepulcro perpetuo de mi vida,

sólo deja pasar años y sombras

de soledades vagas, permanentes.

Tormentas del pasado que regresan

al páramo del pecho endurecido

que no siente locuras necesarias.

Las tazas de café que se amontonan

en los nervios del alma por las noches,

los ojos sin descanso y sin recuerdos,

en el límite nuevo y solitario

que la rutina impone cada día.

EN EL ESPEJO.

En el cuadro enmarcado de mi rostro

me miras y te ríes, fiel reflejo,

haciéndome preguntas sin respuesta.

¿Y qué será el futuro para mí?

Ismael de desiertos pegajosos

sin nombre ni apellido que se grave

en la liturgia pétrea de mi tumba…

Cenizas a los vientos sin descanso

que recorren lugares de los vivos.