martes, 20 de enero de 2015

Después de tanto tiempo...






    
     Después de un tiempo de abandono del blog y de diversas circunstancias personales, lo retomo con el propósito de rejuvenecer tanto su forma como sus contenidos.

     Espero poder iniciar una nueva etapa en la que La Bodega del Verso, pueda dar a conocer un poco más de mis inquietudes literarias y las de mis amigos y compañeros.

     En todo este tiempo, he participado en diferentes recitales, algunos con otros compañeros de las Asociaciones a las que pertenezco, Versos Pintados del Café de Gijón, Aula de Encuentros del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Verbo azul y Poekas. En el Café libertad, en Odisea, de Alfredo Piquer. Otros en solitario, en Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid, en los que fui presentado por Isabel Toledo, Elena Moratalla y Alfredo Piquer, dentro de los ciclos Poesía Joven. Y dos recitales en la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid, uno en la Tertulia Eduardo Alonso, dirigido por Manuel Cortijo y Juan Pedro Carrasco, presidido por José López Martínez y presentado por Cristina Cocca y Alfredo Piquer y otro, una Cuerva Literaria, presidida por Claudio Cortijo y presentado por Charo Báguena.


     También he sido galardonado con el XXVIII Premio de Poesía Mística de Malagón (Ciudad Real) en 2.013. He participado en la Antología Poética "De Vallecas al Verso" (Ed. Lastura) y se ha publicado mi primer poemario "El niño y la Guerra" (Ed Vitruvio) que fue presentado por Hilario Martínez Nebreda y Pablo Méndez.

     De las invitaciones de todos estos actos, tengo que agradecer su dedicación y su diseño a mi amiga y compañera de Versos Pintados, la magnífica pintora Beatriz Próvens.

     Casi a finales de 2.014 he tenido el honor de presentar dos magníficos poemarios de dos magníficas poetisas, con las que comparto lazos aún mayores que la poesía y la amistad, ánimos y vida, que fueron "Recuerdo que una tarde..." de Socorro Mármol Brís (Ed. Vitruvio) en el Café Comercial y "Claro oscuro para escribir un cuadro" de Cristina Cocca Arnedo (Ed. Huerga y Fierro) Premio Nacional de Poesía Ciega de Manzanares 2.013 precisamente en la magnífica Bodega Vinícola de Castilla, en Manzanares (Ciudad Real) y que recomiendo ambas lecturas.

     Además de todo esto, he estado casi un año sin poder escribir y sin poder asistir ni a las tertulias... ni a muchos actos, conferencias, recitales y presentaciones de libros de compañeros.

     Por eso, a todos vosotros, os tengo que decir GRACIAS DE CORAZÓN, por apoyarme, ayudarme, estimularme y perdonar mis ausencias.

     Espero poder compensaros con una mínima parte de todo lo que me habéis dado. Gracias a los antiguos y nuevos compañeros y amigos.

   

viernes, 16 de noviembre de 2012


PESADILLA EN UN BALCÓN

En el balcón del sueño de mi noche

se abre un purgatorio conocido

por mis ojos despiertos, transeúntes

por calles de demonios.

 

En esta altura máxima,

en este acantilado de ladrillo

y forja retorcida, se presenta

un mar oscuro, opaco…

mis penas y mis miedos.

 

Fugaz y permanente se interpone,

erguida, misteriosa,

espeluznante… tétrica figura

tan humana, que puede ser la muerte

¿o soy yo mismo muerto?

Observad el cajón de mis victorias

que porta mis miserias.

Eso dejó la vida.

SUEÑO ESCONDIDO

¿Dónde te encontraré? ¡Maldito sueño!

Acantilado roto, que sin mar,

te asomas sin temores y sin vértigos

a la noche, al destino, a mí mismo…

¡En la playa! En la playa está mi sueño

echando de comer a las gaviotas.

 

…Pero nunca despierto con la arena,

ni con el sol temblando en las orillas

sobre las espumosas olas frágiles.

SIN VOLUNTAD

En este cuerpo mío que impasible

habito, sin la doma necesaria,

sin moldes, sin cordeles, sin espuelas…

quiero ver los arroyos de agua limpia

brotando sin temor y sin complejos.

 

En esta esclavitud insuperable

que domina mis actos y mi vida

y mi mente y mi alma y mi paciencia

quiero ser como un árbol en el monte,

mecido por el viento en el otoño.

 

Cada día me caigo desde un cielo

que no existe, que muere antes de ser.

EL POZO

En lo oscuro del pozo de mi casa,

el sepulcro perpetuo de mi vida,

sólo deja pasar años y sombras

de soledades vagas, permanentes.

Tormentas del pasado que regresan

al páramo del pecho endurecido

que no siente locuras necesarias.

Las tazas de café que se amontonan

en los nervios del alma por las noches,

los ojos sin descanso y sin recuerdos,

en el límite nuevo y solitario

que la rutina impone cada día.

EN EL ESPEJO.

En el cuadro enmarcado de mi rostro

me miras y te ríes, fiel reflejo,

haciéndome preguntas sin respuesta.

¿Y qué será el futuro para mí?

Ismael de desiertos pegajosos

sin nombre ni apellido que se grave

en la liturgia pétrea de mi tumba…

Cenizas a los vientos sin descanso

que recorren lugares de los vivos.